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Gracias 2017. El mes a mes de un año increíble.

En Enero recibía Año Nuevo en Filipinas; con miedo al tifón que se avecinaba en esos días y a los fuegos artificiales que no dejaban de sonar – detesto los ruidos fuertes – pero feliz y en paz entre playas transparentes y shakes de frutas.

En Febrero me entró el sentimiento de culpa por no haber ido a pasar Navidad en Perú y rápidamente compré un pasaje desde Londres para pasar el cumple de mi abue allá. Días lindos, ajetreados, pero esos que te reconfortan al estar cerca de los tuyos. Aprovechando que andaba por el otro continente, tuve un rápido viaje de trabajo por Colombia y México.

En Marzo tuve la suerte de regresar a la India. Un sueño de viaje de lo más top, donde tuve que aprender – o intentar – a convivir con 30 personas de todo el mundo, las 24 horas del día, pero que me trajo muchas lecciones y también nuevos amigos.

Conocí además a una mujer de Malasia espectacular, fuerte, aguerrida y siempre sonriente – siempre, en todo momento – . Hace algunas semanas sufrió un terrible accidente haciendo lo que más le gustaba, correr, y mi corazón se estrujó en mil pedazos cuando me enteré de la noticia. Ella está ahora luchando por su vida, pero Evelyn me enseñó tanto en los días que compartimos, ese corazón noble y esas ganas de disfrutar la vida al máximo, que estoy segura se recuperará pronto para seguir alegrándonos a los que la conocemos.

En Abril aproveché de mis últimos momentos en Londres, esa vibrante ciudad que me alojó por más de un año, todavía recordando entre llantos y risas como llegué corriendo un año atrás del aeropuerto a la ciudad, cayéndome en el metro de Victoria Station con mi maletota gigantesca, sin saber bien si me estaba mudando oficialmente o qué. Londres que me enseñó tanto, me dio un trabajo increíble y divertido, me presentó gente muy interesante – algunos no tanto – y me siguió dando lecciones de vida.

En Mayo llegó el momento de partir. “Espérame unos meses, dejo Londres y me voy a viajar contigo”. Llevábamos pocos meses como pareja, mi novio se había venido a pasar tiempo conmigo en Londres y esa fue la frase que desencadenó mucho de lo que vivimos en el 2017. Egipto fue la gran puerta de entrada a esa vida nómade que tratamos de aprender – a tropezones a veces – a vivir. Siguieron muchos países, pero sobre todo, siguió el crecimiento como personas y también de una relación que empezó en lo más alto, viviendo, viajando y trabajando juntos, 24/7, mientras durante todo esto, se conocían más y se seguían eligiendo.

 

En Junio nos dimos varias vueltas, llenas de reencuentros, nuevos amigos, y eventos preciosos. Mi bella España nos acogió en muchas de sus ciudades por unos días, entre islas, sur andaluz, Madrid que nunca tiene pierde y bodas de amigos queridos.

Nos reímos como locos, compartimos con otros bloggers – pero sobre todo amigos – que tanto queremos, inauguramos nuestro gran amor por los road trips con nuestro inolvidable Beatle descapotable entre carreteras terciarias por Andalucía y mi chico enamorándose de cada pueblo blanco que visitábamos.

En Julio estábamos pasando nuestro verano en Ucrania. ¿Ucrania? Sí, país tan desconocido para mi como para ti, pero que fue una gran sorpresa y no dejo de recomendarlo a cada persona que conozco. A veces hay que romper esquemas para darte cuenta que hay mucho mundo más allá. Fueron unos meses de descanso físico, pero mucho punche mental para producir, producir y tratar de darle forma al trabajo online para hacer más sustentable nuestra forma de viajar.

 

En Agosto salió un viaje fugaz a Suiza. Muy sabios nosotros pasando del país más barato de Europa a posiblemente el más caro de la zona. Un evento familiar nos invitaba a conocer este país que nos hacía ojitos, y no se equivocó, ya que toda su perfección y lagunas coquetas hicieron que nos enamoráramos de este país.

 

En Septiembre de nuevo nos tocó partir. Con nudo en la garganta nos despedíamos de nuestro bello Lviv, y empezábamos una maratón de viajes, eventos y actividades que poco más nos costaban la vida y la relación. ¿Aprendizajes? Amamos viajar, pero preferimos hacerlo lento. Vivimos mucho en un periodo muy corto, y la cabeza no te da y el cuerpo te pide chepi. No me quejo, de esos golpes es que uno se lleva los aprendizajes más grandes.

 

En Octubre seguimos viajando a mil por hora. Celebrando mi cumple entre Irlanda y Holanda, entre desconocidos y amigas de antaño, entre hoteles cinco estrellas con spa pero también en colchones en el suelo muertos de frío y hostels que no quiero recordar porque nos dejaron varias picaduras de bedbugs de esas que te arruinan la vida. Un mes movidito, pero como siempre, agradecida por haber tenido la oportunidad de haberlo vivido con tanta intensidad, ¿sino que les contaría ahora?

 

En Noviembre volvimos a partir, esta vez para regresar. Volvíamos a casa y mi estómago estallaba con maripositas revoloteando. Conocí a la familia de mi novio y pasamos lindos días descansando en un verano cordobés que a veces se extraña con este insípido cielo gris limeño. Nos dimos tiempo para nosotros, sin vuelos mañaneros que tomar, mochilas que cargar o viajes que organizar. Bueno, un poco sí porque no puedo con mi genio y tenía que ser buena anfitriona de mi país en el siguiente mes, pero mucho más ligera y centrada en disfrutar el sabor del día a día.

 

Y llegó Diciembre con esas mismas mariposas , pero elevadas a mil. Feliz de regresar a mi país por un tiempo, abrazar a la familia y reír a carcajadas con los mejores amigos. Lima sigue como siempre, más cara, eso sí, pero con esos sentimientos encontrados que me trae y me hacen pensar, y mucho.

 

No es que deje de ser agradecida o alguna vez pierda la conciencia de la tremenda vida que he decidido vivir, pero ahora que me toca hacer resumen del 2017 sonrío con complicidad porque puedo entender porque estos días hago siestas tan largas para descansar de tanto movimiento en estos 12 meses. ¿La Analucía de hace algunos años se habría imaginado que a los 33 iba a vivir tan intensamente y encima compartiéndolo en un blog de viajes? Definitivamente no.

Tengo la manía de tratar de organizar todo lo que se viene, de planificar o por lo menos ponerme objetivos. Ahora tengo una mezcla entre querer hacerlo y dejar que las cosas fluyan, pero también soy consciente que pase lo que pase, y que si los planes no salen como crees – porque a veces suelen ser mucho mejor – , la vida siempre se encarga de darte experiencias espectaculares y aunque a veces no sea bonito en ese momento, mucho aprendizaje para tomar mejores decisiones.

Gracias a todos los que fueron parte de mi 2017 y emocionada porque este año que se viene esté lleno de sorpresas, mucho amor y gente hermosa a mi alrededor.

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