Viajar Para Vivir Menu

Permalink:

Los amores viajeros (Amor en la ruta y otras fugacidades)

El amor en los tiempos de viaje

Con tanta fugacidad como pasión, los amores en ruta son parte de esas aventuras que muchos de nosotros que hemos viajado largo tenemos, y que nos hacen sonreír cada vez que las recordamos. Cupido ha pasado con sus flechas express varias veces (vaaarias veces), en muchos continentes y en momentos que no te imaginabas, y si hay algo que mantengo como conclusión es: “¡Qué lindo que se dio ese momento!” Y ya está. Porque a veces es mejor recordarlo como ese amor viajero que te hizo sonreír en ese momento, y ya.

En el viaje no hay tiempo para cuestionarte, para pensar en futuro o para hacerte pajas mentales. Puede ir más allá, sí, pero todo suele ser más intenso, más fugaz, más pasional, más carnal. Pero a la vez, bonito y memorable.

Si tan solo compartir nuestras experiencias en viaje te inspiraban a viajar largo y recorrer el mundo, prepárate que cuando veas todo lo que tu cuerpo y corazón pueden sentir con esos compañeros de viaje esporádicos que la ruta te pone, pondrás fecha a un nuevo viaje en breve.

Cambiaré locaciones, algunos pormenores en las historias y juntaré algunas experiencias de unos y de otros, como para tampoco ventilar tantos trapitos y no desenmascarar a nadie; pero como todos andan enamoradísimos en esta fecha tan (comercialmente) especial, me pareció ideal poder compartirles algunos de mis amores viajeros, porque aquí se habla de viajes y de experiencias memorables, ¿o no?

Bajo la lluvia

Era viaje de chicas, una escapadita necesaria en la que íbamos a relajar y no pensar mucho en qué hacer en ese lugar. Era destino tropical, pero llovía. Maldita lluvia que nos agüó – literal – todos los planes. Pero bueno, tampoco andábamos con las ganas de recorrer atracciones, así que no estaba mal el quedarnos relajando en el hostel, que era súper bonito por cierto y con bastante onda alrededor.

Desparramadas una amiga y yo en un sofá que era como para 6, vimos llegar a 2 muchachitos que no estaban nada mal. Típico blablabla para que compartamos asiento, y bueeeno, al final estábamos en un espacio común, y tampoco me importaba compartir sofá con ese castaño de ojos verdes que ya me había dado cuenta andaba chequeando hace rato.

Risas van, risas vienen, y ese acento que te mata, y esos acercamientos que ya son obvios, pero te haces la difícil. Al final sabe Dios en qué momento de la noche y cómo es que salió, pero se nos ocurrió ir a correr y saltar bajo la lluvia.

Romantiquísimo. Parecíamos un par de niños corriendo entre las calles, con esa lluvia y esa humedad que se pegaba a tu cuerpo, con risas a viva voz y agarrados de la mano para que no terminara en tragedia el cruzar por las calles de esa linda ciudad. La playa estaba a 3 calles y yo recordé esa tradición brasilera de Año Nuevo de saltar olas. “¡Vamos a saltar olas!”, le dije. Y sin pensarlo mucho, porque hay momentos donde no hay que pensar mucho, el castaño con acento que te mata se sacaba la ropa para meterse al mar cálido de ese maravilloso destino. Me encanta retarlos, porque yo siempre creo que no se van a atrever, pero será que tienen que demostrar “su hombría” o qué, que luego yo siempre termino perdiendo y pensando: “Te debiste quedar callada” (o no).

Sería medianoche, la luna brillaba lo necesario, pero la oscuridad primaba en ese lugar. No pensé que se iba a atrever, pero ahí me quedé yo, helada, viéndolo entrar en calzoncillos, y no pude quedarme ahí en la arena solo mirándolo. Saltamos olas y nos ahogábamos a carcajadas y vimos que justo mi amiga y su amigo también venían corriendo, así que se unieron al plan. ¡Cómo nos reímos! Mi partner de olas y yo, decidimos regresar al hostel un rato después. Había omitido que hubo una química bárbara, pero también sentía que era un chico que valía toda la pena y quería volverlo a ver, por lo menos al día siguiente. ¿Qué tendría que hacer (o no hacer)? No dejábamos de reír, hasta que el agotamiento llegó y a mi me dio demasiado sueño. Había que ser algo productiva al día siguiente en ese nuevo país. No quería cagarla, y él, sonriendo, me dio un beso en la frente en señal de: “Estamos alineados”. Fuimos a dormir abrazados como si nos conociéramos de toda la vida, pero también como si las olas fuesen el inicio de algo que no queríamos que se esfumase en ese momento. Después de ese destino, nos volvimos a ver un par de veces más en el transcurso de 1 año, en su país y en el mío; a seguir riendo, a seguir celebrando el habernos cruzado, entre olas, lluvias tropicales y risas bárbaras.

El chico local

Venía viajando largo, y ya era un poco como el mismo plan de siempre. Había dejado de quedarme en habitaciones compartidas por un tiempo porque andaba con bastante trabajo online, y quería dormir bien. Estaba un poco desmotivada, o más bien cansada, porque sí, el viajar largo cansa, pero bueno, llegaba a un nuevo destino y había que ponerle buena cara. Un lugar que jamás había escuchado en mi vida, pero dos ciudades más atrás, alguien había recomendado visitar, aunque sea para pasar el día.

Llegué al hotel boutique que había elegido; un sitio lindo con bastante madera y bastante blanco, de esos sitios perfectamente construidos, de pequeño tamaño como para sentirte en casa, pero con una vista a un paisaje descomunal que te hace sentir una hormiguita con tanta inmensidad alrededor.

Nada más llegar, un chico local con cara de ángel que trabajaba ahí, me llamó la atención. Pero bueee, podría ser 10 años menos que yo, y si bien, se que parezco menor y se me suelen acercar chiquillos (la triste historia de mi vida), tampoco andaba con muchas ganas de nada y oye, que trabajaba en el sitio al que acababa de llegar, y pequeño detalle, parecía bastante menor.

Pero eso, empezó a preguntarme mil cosas, a interesarse por mis viajes, por mi vida, por mi todo, y quedamos para ir a dar una vuelta.

Típico, chico local quiere mostrarle la ciudad a chica extranjera y ahí demuestra su gran inglés, su gran conocimiento de la historia, política, religión y cultura de su país, y blablabla. ¿Cuántas veces habría hecho lo mismo?

Independientemente que me los conozco de pies a cabeza (aunque cada vez me sorprenden más), algo había con este diferente. Sería el brillo de sus ojos, la carita de ángel o el interés que parecía poner en mi, pero la subida a un castillo de esa ciudad que ni sabía que existía, terminó en unos coqueteos tremendos y me dijo que me quería llevar al mejor restaurante de ese lugar en la noche. Y así tuvimos nuestra date, entre vinos de la zona, una comida deliciosa y mucha conversa. Es que fuera de que sí, era algo menor, tenía demasiado tema de conversación el muchacho, y es que yo soy muy sapiosexual, me conquistan por el cerebro, por sus ambiciones, sus historias, sus logros, su visión de la vida, del pasado, del presente y el futuro. Así que caí.

Seguimos con los vinos en un parquecito frente al río de su ciudad, las conversas profundas no terminaban pero yo no quería ir a dormir muy tarde porque al día siguiente ya seguía ruta para otra ciudad. O eso era lo que pensaba.

Solo les digo que me quedé como 4 días más en ese lugar de pocos habitantes y con poco que hacer, pero justo uno de esos habitantes resultó ser esa emoción que mi ruta necesitaba en ese momento, y valió toda la pena. Pero oye, el viajero tiene que seguir, y no podía quedarme eternamente. Él quería acompañarme en mis siguientes destinos, pedir permiso en el trabajo y los estudios o lo que sea necesario. Para mi, con la cabeza fría, esto no tenía ningún sentido, estuvo bien, sí, pero él pertenecía a ese lugar, y yo en ese momento, estaba entregada a la vida de viaje.

No dejaba de abrazarme cuando me acompañó a la estación de bus, yo trataba de pensar racionalmente y mejor mantenerlo como un bonito recuerdo. No era la primera vez que una situación así me pasaba, y a él todavía le quedaban varias historias que vivir a su corta edad. Ojo que también me pasó a la inversa, pero a veces es mejor pensar rápido y ya. Aunque duela más en ese momento. Subir al tren o bus, mirarlo a través de la ventana, sonreír aunque tienes los ojos a punto de lagrimear, y darle play a esa canción romántica en Spotify para que el momento no pueda ser más cortavenas, viendo como el chofer ya se puso en marcha, y esa linda aventura se queda ahí, en su ciudad.

Meses después, me siguió escribiendo que había encontrado unos pasajes baratos para el destino donde yo estaba en ese momento, que quería verme, por favor; pero le dije que no, que a veces es mejor mantener ese lindo recuerdo en lo que se vivió en el momento que estirar algo que no sabemos en qué terminará.

 

Cambiando rutas sin arrepentirse

Fue un país lleno de primeras veces. Ya era de esos remotos, de los cuales jamás pensabas visitar, que no sabías que existía un idioma tan complejo o cuál era la capital, porque en el colegio jamás te hablaron de ese país. Dar la vuelta al mundo por 1 año y medio te enseña mucho, es un sin parar de aprender, aprender y aprender. De geografía, de empatía, de cultura, de respeto, de amor propio, de generosidad, de tanto que no puedo dejar de enumerar.

En fin. Nos conocimos porque compartíamos habitación, habían varios loquitos escandalosos en el cuarto que me tocó, de esos bieeen antipáticos, pero él iba a su bola, y parecía el más cuerdo de todos. Y creo que en ese momento justo eso era lo que necesitaba. Una dosis de tranquilidad en ese momento del viaje. Venía de destinos muy fiesteros, de aventurillas, buckets de trago barato y amanecidas con música a todo volumen. Quería un poco de paz y él representaba eso. Pero ni él ni yo lo sabíamos.

Nos habíamos visto en la habitación, pero se fijó en el libro que yo andaba leyendo al lado de la piscina, bien en la esquina plan “no me hablen”, porque no quería estar cerca de los que jugaban beer pong a gritos a las 11am.

Empezamos a hablar del contexto del libro, de Medio Oriente, de nuestras rutas, de nuestras vidas. Todo pintaba igual de bien que con cualquier otro viajero, porque cuando eres el bicho raro en tu ciudad que decide irse a dar la vuelta al mundo, y llegas al primer hostel, en la primera ciudad, después del primer avión y empiezas a conocer más gente como tú, crees que has encontrado a tus nuevos mejores amigos para toda la vida, pero no es así. O bueno, puede ser, pero es simplemente gente más afín porque tuvo la valentía de lanzarse a lo desconocido y seguir su pasión.

Pues eso, las conversaciones seguían, ya llegando a niveles de confianza que solo sientes con algunos elegidos, y sentíamos que el tiempo se nos estaba quedando corto. Puta fugacidad viajera. Él partía para el norte y yo para el sur al día siguiente, pero sabíamos que la decisión de cambiar la ruta, puede cambiar en dos segundos, si es que realmente sentimos eso en nuestro interior.

No estábamos ni en edad ni en contextos para quedarnos con las ganas, de lo que sea eh, y al final ese viaje permitía algo de flexibilidad. Pero no de: “¿Y qué hubiera pasado?”

Solo te diré que viajamos como por 3 semanas juntos y hasta el día de hoy es como una pequeña espinita clavada ahí, en el corazón viajero que a veces recuerda más a algunos que a otros. Monté moto por primera vez (con un par de caídas en el medio), nos perdimos por caminos con monos que se cruzaban en la ruta (y te saltaban en la cabeza), descubrimos playas escondidas a las que solo podías llegar cruzado bosques con serpientes (no vi ninguna, pero así nos dijeron), dormimos a la intemperie bajo un cielo estrellado (y nadie alrededor), cocinamos con una pequeña fogata hecha de leña que encontramos por ahí, hacíamos yoga tempranito (cuando soy cero de madrugar), y nos daban las 5 de la mañana filosofando de la vida, hablando por horas y horas, sin darnos cuenta que ya habíamos pasado toda la noche, frente al mar, omitiendo a los que por ahí pasaban y solo enfocados en nuestras largas conversaciones. Hasta escenitas de celos tuvimos. Que si me regreso a la otra ciudad porque no entiendo a dónde vamos, que ya compré un pasaje de bus para ir a encontrarte, que se acerca el día en el que tengo que regresar a mi país, y ya no puedo retrasarlo más.

¡Uf, lo que fue la despedida! Si ya despedirte de tus amigos viajeros es duro (como lo cuento en este artículo: “Las 3 cosas que odio de este viaje”), despedirte de alguien con quién te habías sentido tan cómoda por casi un mes se estaba poniendo difícil. Me tocaba cambiar de país y a él volver a casa. Me hice la dura, la insensible, la: “bah, es uno más, que siga el viaje”; pero después de esa despedida, el destino (o nosotros, maniobrando un poco) quiso que meses después nos volviéramos a encontrar en otro país, en otro continente, pero con las mismas conversaciones largas hasta las 5 de la mañana, aunque por menos tiempo, porque él andaba en viaje de negocios de su nueva vida formal y corporativa, y ya no tenía tanta flexibilidad.

Han pasado varios años y aun estamos en contacto. Algo casual, pero recordando de vez en cuando esas historias que nos marcaron. Por alguna razón, sabemos que a pesar de la fugacidad que se suele vivir en esos viajes, a veces la química puede más, sobre todo cuando la mantienes por tanto tiempo, a pesar de los miles de kilómetros que nos separan y los contextos diferentes, pero sobre todo, de las experiencias bonitas que nos hicieron sonreír.

Me he dado cuenta que se me quedaron varias aventuras románticas (o no tan románticas, pero divertidas igual) en el tintero, pero el artículo está suficientemente largo como para que Cupido esté contento y mi día de San Valentín no se sienta triste hoy (sino al contrario, muy satisfecho). Al final, ya sean relaciones largas o cortas, fugaces o profundas, hay que saber disfrutarlas en el momento y agradecer porque se dieron.

Si quieres que me lance a la Parte 2 de este artículo, que en serio, hay haaarto material, dímelo en los comentarios.

También me encantaría leer sobre tus amores viajeros, deben haber varios súper lindos. ¿Me los compartes?

  • Ximena morlans

    Buenísimo!! ! Y dale con la segunda parte……yo en mi junventud también tuve un amor de viaje en phuket…..con un bellísimo instructor de buceo de ojos azules y ahora casada con 2 niños, necesito esas historias😂😂😂

    • Viajar Para Vivir

      Jaja, creo que habrá segunda y tercera. Uuuuy, ¡qué peligro esos instructores de buceo! jajajaj, pero nadie te quita lo vivido, ¿no? Abrazoooote.

  • marlyn hosking

    Me encanto, amores de viajeros creo que esos son los mejores y no nos parten tanto el corazón por que simplemente no esperamos nada, vivimos.

  • Jahi Viajera

    Me quedé con ganas de más AnaLu jajaja Y si, esas historias que las recuerdas y sonríes =) En un viaje conocí un chico por Cs hicimos un walking tour, conocí mejor su ciudad y desde que conversamos por chat había una química linda, al vernos pues fue mucho mejor y al terminar el día me pidió permiso para besarme porq no sabia si nos volveríamos a ver, no acepté pero nos volvimos a ver otro día y como jugando se dio el beso, salimos y era su “novia peruana” para su familia peeeeeeeeero tenía una sgte parada, un nuevo destino y aunque hubo la propuesta de “no vayas, quédate más días conmigo” pero no acepté y el como viajero lo entendió. Hoy por hoy cada uno en su país, nos escribimos, nos saludamos en cumpleaños, navidad , año nuevo y nos decimos si nos extrañamos… Y sabemos q si volvemos a visitar el país del otro seremos los primeros en enterarnos =)

    • Viajar Para Vivir

      jajaja, es que te juro que después de escribir las 3 historias, dije: “Dios, y las que me quedan por contar”, pero ya escribí bastante… Me encantó tu historiaaaaa, también tengo un par de Couchsurfing, jajajaja, qué buena. Qué lindo que hayan mantenido el contacto, eso es muy paja y dice mucho también. ¡Un abrazote!

  • July

    Me encantó, hice mi primer viaje el año pasado y la verdad me fui en blanco 😂 pero ese tema me intrigaba la verdad. Quiero la 2da parte!

    • Viajar Para Vivir

      jajajaja, bueno tranquila, que queda vida para rato y muchos viajeros guapazos que serán parte de tu vida. Ya viene la segunda y la tercera, sin duda. ¡Abrazo grande!

  • María Luisa Gálvez tengo

    De todas maneras debe haber segunda parte !! Me encanta leerte .

    • Viajar Para Vivir

      ¡Me alegro que te haya gustado! Veo tanto emoción que me veo súper obligada en sacar la segunda parte, jejeje. Un abrazo grande.

  • Nataly torres

    Esas maripositas espontáneas y viajeras son las que más se disfrutan, imagínate en unos años más dirás las mil historias que tendrás para contar. Ve por la segunda y más publicaciones.

    • Viajar Para Vivir

      ¡Qué lindo que te haya gustado! Tengo muchas historias viajeras que contarle a mis nietos, jaja, mi mamá ya me leyó y me dijo: ¿Y esto por qué nunca lo contasteeeee? jajaja, qué vergûenza. Abrazo grandeeeeeeee, Nataly.

  • Ximena Ramirez

    Muy bello relato…engancha. sigue dándole …. A mí lo que me atrae de todo ello es como el cielo conspira para que los encuentros se den. Llevar la vida con el corazón del amor de viaje es lo que alimenta mi ser feliz….buen camino peregrina y que sigas disfrutando el amor y la amistad del mundo!

    • Viajar Para Vivir

      ¡Hola Xime! Me alegro que te haya gustado, sí, realmente es como una novela que engancha, jajaja. Y sí, es muy loco como hay gente que se cruza en tu camino para algo, aunque dure poquito, pero te deja tantas enseñanzas. Abrazote para ti.

  • Luli

    Me quedé con ganas de más!!vamos por la parte 2!!!

    • Viajar Para Vivir

      Jajaja, parece que les ha pasado a todas. Está bien, me pongo manos a la obra, pero me encantará también saber sus historias eh! ¡Cuéntanos por aquí también! 🙂

  • Mar

    AMÉ!!! Esas historias son las mejores. Tengo tan lindos recuerdos, es tal cual lo dices , intensos y fugaces. Escribe más de esas historias, porfa!

    • Viajar Para Vivir

      ¡Me alegro que te haya gustado! Realmente en la ruta se escriben historias muy lindas 🙂 ¡Abrazotes desde Malta!

  • Gracias por dejar un comentario.

    Comment moderation is enabled, no need to resubmit any comments posted.