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Limbo viajero: Esa mezcla de sentimientos cuando estás entre dos (o más) lugares a la vez

Madrid, 19.Noviembre. 2015

Cuando me tocaba conocer gente durante el viaje y luego por Facebook seguía sus últimos días de viaje, podía percibir por sus posts de despedida como se les iba haciendo chiquito el corazón. Les escribía y me contaban que andaban con una mezcla de sentimientos rarísima. La mayoría no quería regresar, algunos sentían que todo había sido como un sueño y los que ya habían pisado su ciudad se sentían ajenos.

Yo evitaba pensar en ese día, ese día en que me tocaba volver a casa. En que justamente todo habría terminado, en que se suponía que la vida tendría que regresar a ser lo que alguna vez fue. Se suponía.

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Tengo que decirles que durante todo este año, creo que nunca tuve ese momento de desesperación en que quería acabar con todo y regresar a casa. Obvio extrañaba mi cama riquísima, la comida casera, los momentos con mi familia y las risas con los amigos, pero yo andaba viviendo un sueño, ¡y no quería despertar!

Sí les voy a confesar algo, que los que han viajado largo ya conocen, y es que viajar cansa, mental y físicamente, y eso sí me pasó.
Llegaron momentos en que ya no quería más trekkings, más templos, más museos… Ya no quería conocer más gente, no quería tomar más fotos, quería estar conmigo misma y descansar. Descansar el cuerpo, descansar la mente.

Este ritmo de vida, el cambiar de ciudad cada 3 días, el descubrir cosas nuevas a cada rato es alucinante pero también abruma, y a veces no puedes con todo. Pero nada que un par de días en plan pasteleo en tu cama del hostel no pudiera curar, ¡y a seguir descubriendo!
De repente el tiempo pasó, los meses, las estaciones, y te das cuenta que estás por cumplir un año, y tú quieres seguir descubriendo, pero ¡oh oh!, pequeño gran problema, tu presupuesto ya no da más, te estás quedando sin plata, la gente ya te reclama, y tampoco estas segura si meterte a un nuevo continente después de 1 mes en Norte América, 7 en Asia y 4 en Europa sea una buena idea.

Y de repente empiezas a pensar en “¿y ahora qué viene?” Y ¡puuuuum!, tu cabeza empieza a maquinar a mil , no disfrutas el momento y estás a punto de estallar.
¡Maldita sea! La Analucía relajada, la que “vivía el hoy” y se sorprendía de cómo podía vivir sin planes y sin pensar en el mañana; empezó a pensar y re-pensar “¿y ahora qué hago?”. Me vuelvo a convertir por un momento en la organizada, en la que arma gantts y analiza presupuestos. No quería eso, quería seguir siendo esa persona en quien me convertí en esta gran aventura, y no quería que nada me estresara.
Parecía que un final se avecinaba, y alguna vez me dijeron que todo lo que empieza a veces tiene que terminar, que todo lo que comienza tiene un fin, pero yo no quería verlo así. ¿Y si lo reinventamos? Hay que saber morir a tiempo para dar lugar a nuevos nacimientos y eso es lo que me gustaría hacer.

Estoy feliz de regresar a casa, después de 410 días recorriendo el mundo, hoy toca ir a dar una vuelta por allí. Estoy más que agradecida por todo lo que me tocó vivir, de verdad que miro atrás y siento que todo fue un sueño. Un sueño increíble que me ha convertido en una mejor persona, que me ha enseñado lo que en un aula o en una oficina jamás podría hacer aprendido. Estoy feliz por toda la gente alucinante y hermosa que se cruzó en mi camino; por esas risas, por esas sonrisas, por esos momentos, por esas cervezas, por esas charlas, por esos viajes en moto, por esas juergas inolvidables, por estar todavía en mi corazón, y saber que seguirán estando por largo rato más. Estoy feliz porque esa locura que se me ocurrió un día me dio el mejor año de mi vida, y sobre todo, porque hoy, al supuestamente haberlo finalizado, tengo nuevos planes y nuevos sueños, que tal vez con la misma incertidumbre pero también la misma ilusión, quiero cumplir.

Web

Yo creo que también hay momentos y mensajes, y resulta que cuando andaba en Alemania y mi plan era recorrer todo este país, resulta que sufrí un pequeño accidente que me hizo cambiar planes, y ahí estaba yo, cambiándolos; viajando al día siguiente de Munich a Barcelona, con un pasaje comprado minutos atrás, después de haber estado en la clínica durante la madrugada y con un mensaje del doctor que debía estar en reposo por 6 semanas. No se preocupes que no fue nada grave, pero a veces estos son los mensajes que te dicen que tienes que descansar un poco.
Y llegué a España, el país donde viví durante 8 años de mi vida y que fue un desenlace enriquecedor en esta gran aventura. Durante mi estadía aquí pude reencontrarme con gente que era, y es, muy importante en mi vida. Este tiempo entre Barcelona, Zaragoza y Madrid, me ayudó a fortalecer relaciones, cerrar círculos, confirmar amistades y hacer otras nuevas. Era raro porque era como si bruscamente (pero de forma positiva) había regresado “a casa”, y era raro, porque no viví ese proceso previo de pensar como era volver, ya que todo se dio de la nada, pero tampoco es que sea “casa casa”, pero ayudó, ayudó a plantearme mis próximos retos y aventuras.

En estos días que regreso a Perú, aunque no sé por cuanto tiempo, también tengo ganas de abrazar a los míos, de volver a las historias inéditas con mis amigas, de comerme un ceviche un día y un lomo saltado el otro hasta que me duela la barriga, de ver qué ha pasado por Lima, de ver que no ha cambiado por las calles de mi hogar. De darme cuenta cómo he cambiado yo, mientras trato de procesar esas semanas por mi país.

Tengo planes con muchos planes. O más bien, tengo sueños con nuevas aventuras. ¿Por qué debería dejar de soñar? ¿Por qué todo tendría que regresar a lo que alguna vez fue?
Sigamos construyendo historias alucinantes, sigamos haciéndole caso a lo que el corazón nos diga, sigamos retándonos a nosotros mismos en buscar nuestra felicidad. Me cago de miedo, pero estoy dispuesta a hacer lo que sea por sentir que lo que se viene valdrá la pena.
Este limbo en el que me siento ahora te contrae, te intimida, no sabes para dónde ir, cualquier mal movimiento te puede hacer caer, pero solo es cuestión de subir un poco la mirada y decir: “¡Hacía allá voy!”, y vencer el miedo.

Lima, voy para que me recibas con los brazos abiertos, y espero que este recibimiento no sea tan brusco y me hagas volver a sentir como en casa. Voy a compartir todo lo que viví, a contarles que el mundo, allá afuera, es in-cre-í-ble, y que sí… a veces hay que saltar al vacío, con un nudo en la garganta terrible, cagadíiita de miedo tal vez, pero con todas las ganas de saber qué se avecina.
Porque como dicen por ahí, más vale arrepentirse de lo que hiciste, que de aquello que no te atreviste a hacer, ¿no?

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  • Patricia

    Qué paz senti al leer este blog, a veces tenemos mil sentiments dentro y pensamos que somos los únicos en este mundo que sentimos eso, “¿Estaremos locos?” nos preguntamos en silencio. Sin embargo, no estas sólo, no eres el único. Voy en mi 3er mes de viaje, tengo 9 meses por delante y no podria estar mas feliz por la decision qué tome. Gracias por compartir tus experiencias. https://ourvoyagemundo.wordpress.com/

    • Viajar Para Vivir

      No sé porqué nunca te respondí, Patty, mil perdones!
      Y síii, ese miedo es inevitable, pero encontrar más almas locas es reconfortante. No dejemos de tomar decisiones que nos hagan felices. ¡Abrazo gigante!

  • Gracias por dejar un comentario.

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