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Ay, Transilvania.

Dicen que unos osos atacaron a unos turistas hace unos meses, que salen en las noches a buscar comida de los tachos de basura; en el tren 3 rumanos no me dejan de mirar y preguntarme cosas raras y hablar entre ellos, y yo me hago amiga de una pareja de abuelitos italianos tiernos para que no fastidien más; mi tren llegó a medianoche y agarré el último bus para mi hostel, y el conductor decía que confiara en él cuando yo le decía, que no, que mire mi GPS que hace rato ya habíamos pasado mi hostel. Llego al último paradero, todos se habían bajado antes y yo la única en el bus y ya me imaginaba al conductor acercándose con sus colmillos de Dracula, le rogué que por favor, me vuelva a dejar donde yo le dije que era.

hotel-transylvania
Cuando finalmente llego al hostel, obviamente nadie me abre porque ya es muy tarde y me meto media hora más tarde, poniendo cara de niña buena, mientras un vecino abre la puerta, que es más vieja que el bisabuelo de Dracula y chilla como peli de terror; ¿quién me ayudará en el hostel si no hay recepcionista? ¿donde dormiré mientras solo pienso en que ya no quiero visitar mañana el castillo de Dracula?
Señor televidente, no se pierda las aventuras de su novela favorita…
“¿En qué momento demente se le ocurrió a Analucía visitar Transilvania?”

 

 

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