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6 razones por las que viajar sola merece la pena

Uno de los temas más recurrentes sobre mi viaje y del cual me llueven todo tipo de preguntas es por el hecho de viajar sola:

“¿No te da miedo viajar sola?”, “¿No tenías a nadie que te acompañase?”, “¿No te aburres estando sola todo el rato?”, “¿Cómo conoces gente?”. ¡Uuuf! De éstas me han preguntado varias, y ahora te voy a dar seis razones por las que viajar sola merece la pena,  (¡y mucho!)

Razones para viajar sola Analucia Rodriguez Indonesia

Aquí estoy en Indonesia.

1. Ahora o nunca 

La idea de hacer este gran viaje me rondó la cabeza por mucho tiempo, sabía que no podía postergarlo mucho porque si no, nunca llegaría (algo así como cuando quieres empezar una dieta). Y así fue cómo llegó el día que dije: Ahora o nunca.

Tomar una decisión como ésta no es fácil, y no es que no haya querido viajar con alguien más, pero cuando lo sientes, lo sientes, y para mí fue ESE momento en el que se tuvo que dar.

Aparte, quería que fuese una experiencia muy personal. Que fuese yo quien descubriera las cosas por mí misma, que fuese como un crecimiento interno y si bien amo a mis amigos, el adentrarte en una aventura tan grande como ésta con alguien más, por tanto tiempo, no era lo que estaba buscando.

Además imagínate, si a mi me costó la decisión, ¿cómo convences a una amiga para que renuncie a su trabajo, a su vida, a su flaco, use sus ahorros de años y se lance a recorrer el mundo por un año? Amigas con ganas de hacerlo, muchas, pero dispuestas a lanzarse a la piscina en ese momento, muy difícil.

Caminando sola por el mundo.

Se hace camino al andar.

Me escriben muchas personas que me dicen que están esperando a que alguien se les una, que si el novio, que si la amiga, pero yo opino que si uno sigue esperando y aplazando, posiblemente ese día no llegue. Aprendí a que no quería quedarme con ese sentimiento de: “¡Ay, qué lindo hubiera sido si cuando joven me hubiese ido a dar la vuelta al mundo!”.  Y ten en cuenta que eso aplica a muchas cosas. En relaciones, en viajes, en decisiones tal vez más efímeras…

Aprendí que prefería arrepentirme por algo que hice, y tal vez no salió como quise y aprendí, que vivir arrepentida toda la vida por no haberlo hecho. Así que, poniendo las cosas en frío, es así de fácil, ¿quieres viajar? Ahora o nunca.

2. Tú decides, solo tú

Cuando se me metió en la cabeza querer irme a dar la vuelta al mundo por un año (o lo que tenga que durar), tenía tantos planes increíbles que no cabía con la emoción. Me pasaba día y noche pensando y garabateando: “Primero puedo empezar por Asia, y luego pasar año nuevo en Bali o tal vez en Australia, y de ahí me podría ir a Medio Oriente, aunque tal vez sea buena época para Sudáfrica…”

Imagínate si para ponerme de acuerdo conmigo misma era difícil, ¿cómo sería con alguien más?

¿Te ha pasado que planeas viajar por Semana Santa con cinco amigos más y empiezan emocionados creado un chat grupal en Whatsapp?

Que primero decidamos a dónde vamos, las chicas quieren playa y los chicos montaña…

Luego si es que vamos en carro o autobús, que uno puede poner su camioneta si le ponen gasolina pero no entran todos y a más de una ir en autobús por trece horas le horroriza.

Que como se reparten en las habitaciones porque las parejitas no quieren colados pero son número impar y el pobre amigo que acaba de terminar con su flaca de cinco años parece que va a tener que dormir en la hamaca, solito, congelado…

Que si llevan carne para hacer barbacoa, pero oh wait! Ahora resulta que esta amiga media hipster se ha vuelto vegana y no hay forma que nos devoremos un buen trozo de lomo en su cara…

Gente que conoces viajando

Amigos viajeros de aquí y de allá.

No digo que viajar con amigos no sea lindo, lo he hecho y me encanta; solo que a veces, toda la logística suele ser un poco complicada y esas lindas vacaciones terminan un poco estresantes. Cuando viajas sola eres tú quien decide qué hacer, solo tú.

¿Cuál será tu siguiente destino?, ¿qué comes hoy?, ¿sales o te quedas durmiendo?. Tú decides. He tenido momentos en los cuales he viajado con gente y ha estado genial. Creo que también es un gran aprendizaje poder tomar decisiones entre dos y compartir esos momentos, pero esa flexibilidad que te da el viajar sola y poder hacer y deshacer en cualquier momento es simplemente genial. ¡Te sientes totalmente libre!

¿Te acuerdas ese momento en el cual decidiste que era hora de irse de casa de tus padres? (Por favor, si aún no lo haces y ya estás en los 20 y tantos, te recomiendo hacerlo pronto, muy pronto). Daban miedo esos primeros días en que ya no tenías a tu madre despertándote a gritos para que no llegases tarde a la universidad u oficina, o cuando ibas a inventarte alguna excusa para decirle a tu padre que esa noche ibas a llegar tarde a casa y luego sonreías porque te dabas cuenta que ya no tenías que inventarte nada, o cuando te dabas cuenta que si no ibas al supermercado pronto, de la nevera no iba a aparecer comida por arte de magia, y ¡oh! de repente la ropa sucia se empezaba a acumular y ya no aparecía lavada, doblada y con olor a jazmín en la esquina de tu cama, como pasaba en casa de tus padres.

Empezaste a tomar decisiones y valerte por ti mismo, y poco a poco a darte cuenta que esa independencia te hacía sentir bien, a veces tomaba trabajo, pero podías ser el dueño de tu vida, de tus horarios y tus decisiones y eso te gustaba. Lo mismo pasa cuando viajas sola, tienes plena libertad de tus acciones, sientes que realmente el camino que quieras tomar y la forma que le quieras dar a tu vida en esos momentos viajando, depende puramente de ti.

3. Mejores amigas, pero no para viajar

Tengo muchos amigos y amigas, los adoro y me muero por ellos, pero si algo aprendí es que viajar involucra una convivencia tan intensa con alguien, que a veces te das cuenta que hay hábitos de la otra persona que no los conocías y que no sabes si vas a poder aguantar los 20 días que te quedan ruteando por Sudamérica con ella.

En mi experiencia personal, tengo un par de amigas con las cuales después de un viaje nos dimos cuenta que compenetrábamos increíble, nos gustaba la naturaleza, hacer trekkings, no perdíamos mucho tiempo en el típico shopping de souvenirs y cuando había que salir de fiesta se salía y cuando había que dormir a las 9pm como bebé, se dormía. ¡Con ellas me voy hasta la luna! Porque sabemos que sincronizamos a la hora de viajar.

Me pasó también que viajé con otras amigas, las cuales en la “vida normal” nos llevábamos demasiado increíble, pero una vez que tuvimos que compartir plan, avión y habitación, no parecíamos tan afines. A veces pasa que algunas son más prácticas y otras se toman tooodo el tiempo del mundo en arreglarse antes de salir a ver museos (“¿qué pasa si me cruzo con el amor de mi vida por ahí?”- me decían), o de las que se quieren llevar todos los pantalones hippies, camisetas de elefantitos tailandeses y pulseras típicas y pueden pasar horas recorriendo mercaditos mientras la otra agarra 2 regalos para su madre y su abuela en cinco minutos y termina esperando sentada una hora más.

Es verdad que este tipo de experiencias también te enseñan a ceden y tolerar, pero ¿ves, de nuevo, qué linda es la libertad de viajar sola y manejar tus propios tiempos? Esto no quita que no puedas ser amiga de alguien, por supuesto que sí, y muy buenos amigos, simplemente son hábitos viajeros diferentes.

4. ¿Viajas sola y estás soltera? ¡Disfrútalo!

Mujeres viajando solas por el mundo

Viajeras recorriendo el mundo.

Hay algo muy interesante de todo esto también. Usualmente, aunque no siempre, viajar sola implica que en ese momento andas soltera, por ende, cuando cruzas miradas en un hostel de mochileros con ese italiano de 1’80 que luego se acerca y te saluda con ese acento que te puede dar ataque en ese momento, puede implicar que podrá haber una de esas historias divertidas que le cuentas a tus amigas por mensajes de voz en Whatsapp, y entre: “jajajajaja” y: “eres mi ídola” y: “¡Qué nos presente amigos!”, se convierta en una de las tantas grandes anécdotas amorosas del viaje.

El otro día conversaba con una amiga que vive en Suecia con su novio, y hablábamos de esos temas que tanto nos gustan a las chicas: ¡hombres! Me decía: “Tú aprovecha que estás soltera y estás viajando, que luego cuando te pones de nuevo de novia, ya no podrás conocer a tantos chicos”.

Y es que, sí, viajar también te permite conocer a personas del otro género que quien sabe, se pueden convertir en alguien importante en tu corazón, o tal vez algo divertido que no olvidarás jamás,  y el hecho de viajar sola te da más flexibilidad de poder tomar decisiones respecto a eso.

Creo que hay etapas para todo. Estar con novio es increíble, y cuando me tocó fui muy feliz, pero ahora que estoy dando vueltas por el mundo y también estoy soltera, pues a disfrutar se ha dicho. Además, ¿quién sabe? El hombre de tu vida puede estar por alguna esquina de este mundo esperando a que te lo cruces.

5. Aprender a valerte por ti misma

En este viaje aprendí que nadie me va a mirar raro si voy al cine sola en India a ver una nueva película de Bollywood. Aprendí que puedo agarrar un autobús local solita en el pueblo más remoto de Indonesia, porque si me equivoqué de dirección simplemente bajo, cruzo la calle y levanto la mano para agarrar otro.

Aprendí que ningún ruso te va a gruñir ni largar si le preguntas por una calle, porque aunque la mayoría no hable inglés con señas nos entendemos todos, y aunque no le creas, los rusos son muy atentos y siempre tratan de ayudar.

Aprendí a cargar una mochila de diecisiete kilos en mi espalda, otra de seis adelante mío, la cartera en un brazo y escribir por el teléfono con la otra mano sin que me pase nada. Obviamente siempre se puede recurrir a hacerte la que no alcanzas a colocar las mochilas en lo alto del tren y algún que otro viajero se parará a ayudarte.

Aprendí muchísimas cosas viajando sola, pero sobre todo aprendí a valerme por mí misma.

Es tanto el tiempo que pasas contigo mismo, que empiezas a conocerte más. Empiezas a confiar más en ti misma, a conocer más tus gustos, a tomar decisiones más maduras, a ponerte objetivos más claros en la vida. Maduras, creces, aprendes. Tú misma estás observándote y analizándote, y pudiéndolo hacer sin esa presión social que usualmente tenemos cuando estamos rodeada de amigos, compañeros de trabajo y familia que nos dicen qué tenemos o no tenemos que hacer con NUESTRAS vidas.

 

Beneficios de viajar sola

 

Viajando conocí mucha gente interesantísima. He tenido charlas que han durado horas y horas tomando un par de cervecitas mirando el amanecer en alguna isla perdida, he hablado de religión con hinduistas, musulmanes, budistas y luteranos, enriqueciéndome de una forma que jamás pensé. He viajado con personas que me deslumbraban con cada palabra que salía de su boca, y me hacían darme cuenta que no tenía ni idea de muchas cosas que ocurrían en este mundo. Pero también, mientras viajé sola me culturicé más.

Aprovechaba los viajes en tren o bus, los momentos en una hamaca en una playa para leer más, para escribir, para pensar, para analizar. Y es que a veces necesitamos esos momentos para nosotras mismas que nos van a enriquecer muchísimo. Aprendí a ser una mujer más independiente, a creer en mis sueños, y a seguirlos. Y lo más lindo, es que ese aprendizaje continúa y se incrementa mientras más viajas, y más creces.

6. Nunca estás sola

Viajeros por el mundo

Más viajeros por el mundo.

Si bien ya enumeré algunas de las razones por las cuales viajar sola es alucinante, es curioso que mucha gente crea que cuando decidí ir a dar la vuelta al mundo sola, implicaba, literalmente estar sola todo el rato. No hay mayor mentira que esta, ya que viajando sola, conoces a muchísima gente, a cada rato.

Cuando viajas sola usualmente te quedas en hostels de mochileros, por ende, compartes cuarto, en promedio con cinco personas más.

Recuerdo en Penang, Malasia, nada más llegué a la habitación de mi hostel por primera vez, habían 2 argentinos y un alemán y me dijeron a los tres minutos que se iban a montar bici por la ciudad. Hice planes con ellos como por una semana completa, y hasta cancelé mi viaje a Singapur por irme a Tiomán con ellos.

He conocido gente haciendo trekkings, que luego hasta con lágrimas en los ojos nos hemos despedido. He conocido gente en bares, que cuando escuchabas a alguien hablando en castellano, inmediatamente te emocionabas, lo incluías en tu grupo latino de fiesta, y luego ya eran partners viajeros por varios días más. He conocido gente por grupos de viajeros en Facebook, quienes resulta que van a estar en la misma ciudad que tú, también viajando solos, y deciden encontrarse y pasar días juntos. De estos ahora tengo grandes amigos hasta ahora. Hacer Couchsurfing también es una forma genial de conocer gente, y sobre todo gente local. La gente que conoces suele ser gente viajera, o con mente abierta. Personas interesadas en tu país, en tu cultura, quienes están dispuestas también a contarte todo de su vida, y a hacerte parte de ella por unos días.

Doy fe que hay veces que hasta ya conoces tanta gente, que cuando tengo que escribir para mi blog y necesito tiempo para estar sola, tengo que irme a dormir a una habitación privada para no tener la tentación de seguir conociendo gente. Así que ya sabes, si tu temor es que vas a estar sola todo el rato, creo que con estos pocos ejemplos, ya desmitifiqué este hecho. ¡Jamás conocerás más gente que cuando viajas solo!

Gente que conoces viajando

Como ves, viajar solo es una experiencia única. Un gran descubrimiento y una aventura que no tiene comparación. Espero que estas razones (y eso que hay muchas más), te animen a dar ese gran paso, a confiar en ti misma, y simplemente seguir tu corazón y cumplir tu gran sueño de viajar por el mundo.

¡Buen viaje, viajeras!

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